Mostrando entradas con la etiqueta Nieve Nieve. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Nieve Nieve. Mostrar todas las entradas

lunes, 18 de febrero de 2013

ANTIOQUÍA, Cicloturismo Nocturno. 16 y 17 Febrero.

Recorrido total en bicicleta: 160Km (la mayor parte del recorrido es por carretera asfaltada).
Destino: Distrito de Antioquía (provincia de Huarochirí, departamento de Lima, Perú).
Altitud: 1550msnm.
Nivel de dificultad: Intermedio-Alto. Para llegar a Antioquía hay que rodar por una carretera que penetra las montañas de Huarochirí. En esta oportunidad tuvimos lluvia durante el recorrido nocturno.
Tiempo de ida: 8 a 12 horas (tarde, noche y madrugada).
Tiempo de regreso: 4 a 7 horas.
Participación: 22 ciclistas.

AGRADECIMIENTOS:


Concentración: Plaza Camacho, La Molina, Lima-Perú.

Av. Javier Prado.

Av. La Molina.

Av. Cieneguilla.

Av. Cieneguilla.

 Cumbre las Palmeras, antes de descender
por el serpentín de Cieneguilla.

La cena, en Río Seco, Cieneguilla.

 En Río Seco, Cieneguilla, antes de ingresar a las
montañas que conducen a Chontay.

En Chontay, rumbo a Antioquía.
 

En Nieve Nieve, rumbo a Antioquía.

En Sisicaya, rumbo a Antioquía.

Rodada nocturna a Antioquía.

 Rodada nocturna a Antioquía.

Nuestra llegada a Antioquía, la ciudad de los colores.

Plaza Mayor de Antioquía.

Plaza Mayor de Antioquía.

Plaza Mayor de Antioquía.
 

Retorno a Lima.

 Retorno a Lima.

Montañas de Huarochorí, rodando por lo mejor del Perú.

Ver álbum de fotos aquí: Antioquía Nocturno.

ATTE.

Dúbert Díaz Ramírez.


++++++++++++++++

miércoles, 2 de noviembre de 2011

LIMA – ANTIOQUÍA, EN BICICLETA, 30/10/11

El domingo 30 de octubre nos fuimos a Antioquía, la mayoría de ciclistas que nos acompañó hizo esta ruta por primera vez. Fueron aproximadamente 86 km a puro pedal. La ruta que seguimos fue: La Molina-Musa-Manchay-Cieneguilla-Río Seco-Chontay-Nieve Nieve-Sisicaya-Antapucro-Chillaco-Antioquía.

Ahora existe una carretera nueva que nace en Chontay, pero se interrumpe tras pasar un lugar llamado Chillaco, de allí se inicia una trocha de aproximadamente 8km, luego vuelve la carretera nueva hasta Antioquía. El tramo de Río Seco a Chontay aún no está asfaltado, es una pista en mal estado similar a una trocha.

Partimos desde La Molina, a las 7.15am.


Rodamos por Musa en dirección a Cieneguilla. 

Trepamos hasta la cumbre de la Av. Las Palmeras,
para luego deslizarnos por el serpentín de Cieneguilla.

 Descenso por el serpentín de Cieneguilla.

Participaron 16 ciclistas, de los cuales cuatro hicieron la ruta en la modalidad de entrenamiento, tres fueron a ritmo moderado y nueve lo hicieron a ritmo de cicloturista.

 En el óvalo de Cieneguilla.

 Ingresando a las montañas de Huarochirí, rumbo a Antioquía.

 Breve descanso antes de Chontay.

 Nuestro paso por Nieve Nieve, rumbo a Antioquía.

 Llegando a Sisicaya, tierra de Mitos y Leyendas.

 En medio de las montañas de Huarochirí, a unos 10km de Antioquía.
El grupo de cicloturismo coronó su objetivo a las 5.30pm, nuestros amigos: Juan, Saúl, Lourdes y Raúl se dieron el gusto de llegar a Antioquía a bordo de una cleta, lo mismo ocurrió con mi amigo Pavel, quien horas antes nos había dado el alcance y nos acompañó hasta el final del viaje, hace dos años él no pudo completar la ruta por una avería en su bicicleta. El grupo conformado por Diego, Gabriel y Carlos llegaron a Antioquía cerca de las 3pm y el grupo de los rápidos y furiosos, conformado por Gerson, Kamary, Carlos y Juan lo hicieron mucho antes. Daniel, José y otro ciclista más decidieron retornar desde Chontay.

Llegada a Antioquía, 5.30pm. ¡En cleta sí se puede!
Luego de tomarnos algunas fotos en la plaza mayor y almorzar cerca de las 6pm, decidimos que lo más conveniente era retornar en carro, pues no todos tenían experiencia haciendo descenso nocturno y no todos tenían luces. Para suerte nuestra apareció un camión que bajaba para Lima llevando membrillos, éste nos trajo hasta La Molina, nos cobró 10 soles a cada uno, llegamos como a las 10pm.

El ascenso a Antioquía por momentos fue un martirio, el sol implacable se esmeraba por doblegar nuestro ánimo inexorablemente, sin embargo nadie se rindió, todos soportaron con estoicismo las 10 horas de pedaleo que duró nuestro viaje. La re hidratación fue lo más importante para no sucumbir a la ruta, las frutas ayudaron un montón.

Plaza Mayor de Antioquía, reto cumplido. 
El retorno, encerrados en la tolva del camión fue muy divertido, fuimos oliendo a membrillo, mirando las estrellas y atisbando un cuarto menguante lunar que se iba esbozando en lo alto del cielo, las historias de apariciones y duendes no se hicieron esperar y los saltos provocados por los baches de la pista estuvieron a la orden del día. Por el contrario, Pavel, Raúl y Saúl parecían ir más cómodos en el techo del camión, mismo “Mirabús Huarochirano”.
 
Antioquía, la ciudad retablo, la ciudad de los colores, es uno de los 32 distritos de la provincia de Huarochirí, ubicada en el departamento de Lima, a 1550 msnm. ¡Vale la pena visitarla!

Ver álbum de fotos aquí: RodandoPerú Fotos. 

Conoce el Perú primero y si es en cleta mejor.
Cuando viajes por el Perú no arrojes tus desperdicios en cualquier parte, nuestra patria no es un basurero.

Atte

Dúbert Díaz R.

++++++++++

martes, 29 de diciembre de 2009

REDESCUBRIENDO EL QHAPAQ ÑAN, SISICAYA-NIEVE NIEVE

REDESCUBRIENDO EL QHAPAQ ÑAN, DE SISICAYA A NIEVE NIEVE
Rodando por los caminos del Perú

Un 3 de diciembre de 2009 el profeta Carlos (ytodoapedal) había pensado en voz alta y dijo: “Y si vamos a recorrer el Camino Inca del Valle del Río Lurín?”… en eso, los puntos suspensivos cedieron al silencio y la comunidad virtual de ciclismo enmudeció por un momento casi eterno. Pese a la desbocada empresa que se había propuesto vuestro amigo, y al poco eco que tuvo su convocatoria, éste enrumbó pedales y se fue cortando el viento hacia el Este. A los pocos días comunicó sus resultados en una escueta crónica de dos líneas (poco habitual para lo que nos tiene acostumbrados) en la que concluía que sí era posible recorrer el Qhapaq Ñan (Camino Inca) de Sisicaya a Nieve Nieve o de Antioquía a Cieneguilla , sin embargo acotó “no la he recorrido toda, sólo hice un muestreo”.

Basado en su prolija investigación del Qhapaq Ñan del valle del Río Lurín y teniendo la espina clavada en el corazón, como un enamorado que es rechazado por su amada, el profeta Carlos volvió a hablar y, tal como lo hace un encantador de serpientes, logró seducir a más de un impetuoso ciclista que, despojado de su instinto de conservación, siempre busca rodar por caminos insólitos por los que fácilmente se logra coquetear con la muerte.

Fue así como, el 20 de diciembre de 2009, Gerson (KeniroBike), Juan, Víctor, Edgar, Daniel y yo decidimos voluntariamente acompañar a Carlos en esta gesta épica de redescubrimiento del Qhapaq Ñan.

En mi lento discurrir hacia la Molina Juan me dio el alcance a la altura de Musa, me saludó discretamente y cuando estuve a punto de devolverle el saludo su magro cuerpo desapareció sobre la etérea estela de sus llantas, que giraban a velocidad insospechada como impulsadas por los demonios pedaleros que se apoderan de él cuando se pone a bordo de su bicicleta.

Cerca de las 8am nos reunimos todos en un mercado cuyo nombre no recuerdo y de ahí partimos todos juntos hacia la avenida Las Palmeras que conduce a Cieneguilla.

Eran las 9.30am cuando arribamos a Río Seco, lugar por donde se accede a la trocha carrozable que conduce a Chontay, Nieve Nieve, Sisicaya y Antioquía. Demoramos un poco porque Daniel andaba a punto del colapso, pues nadie le había explicado bien en qué consistía la aventura, a él sólo le dijeron ¿quieres salir a cletar? y él había respondido ¡vao pe! y así lo engatusaron al pobre, sin embargo, poco a poco, se fue adaptando a nuestro ritmo. En río Seco nos topamos con unos jóvenes que iban a Sisicaya llevando juguetes y a hacer una chocolatada por navidad y como mostraron interés por lo que hacíamos les hablé de nuestra ruta, mientras que ellos auscultaban nuestras cletas apiñadas sobre las columnas de la bodega donde nos habíamos detenido. A tanto interés mostrado les regalé mis stickers para ponernos en contacto, aunque una de ellas ya lo hizo, aún no se ha animado a salir pues todavía no cuenta con el equipo necesario.

A las 10am empezamos a rodar por el escarpado camino que lleva a Antioquía, ruta que me trajo recuerdos desde la última vez en la que tuve que descender a oscuras apoyado por un vehículo que me alumbraba el camino. A los pocos minutos de retomar el viaje se va percibiendo claramente el cambio radical entre lo citadino y lo rural, el valle se va imponiendo y las copiosas montañas no dan tregua a nuestra mirada que se pierde en un parnaso de sensaciones indescriptibles a la que nos somete plácidamente la serranía del Perú. De pronto aparece Chontay, precedido por un desvío, aderezado con árboles frondosos, donde nos detuvimos a descansar y a esperar a los demás, Edgar y Juan habían sido los primeros en llegar. A estas alturas del camino Daniel ya se había resignado a seguirnos sin chistar, mientras que Víctor daba visos de experimentar su primer desasosiego por haberse enrolado en este grupo de ciclo-maníacos que pretendían pedalear por los estrechos y empinados caminos de los Incas.

A las 11.30am llegamos a Nieve Nieve, lugar donde recién empezaría la aventura. Si bien es cierto que el Qhapaq Ñan (camino Inca) inicialmente comenzaba en Pachacamac y recorría todo el valle del Río Lurín en dirección a Jauja, nosotros habíamos llegado hasta aquí tan sólo para averiguar cómo era el tramo de Sisicaya a Nieve Nieve, pues explorarlo en su totalidad a bordo de un velocípedo sería una empresa bastante descabellada, considerando que hay varios tramos que han sucumbido a la presencia del hombre moderno y al dinamismo del planeta. Para acceder al Qhapaq Ñan tuvimos que dirigirnos a Sisicaya, lugar cuyo epigrama: “Tierra de mitos y leyendas” deja bien en claro que no es un lugar para fiarse. Camino a Sisicaya nos detuvimos un momento y cuando ya casi todos estábamos reunidos, excepto Víctor, que ya no nos quería ni hablar, el profeta habló: “Vean, es el Qhapaq Ñan, en medio de esa montaña”, -¿dónde?, -¿dónde?, preguntaron los demás; yo apenas lo podía ver o quizá no quería verlo, pues no sabía cómo diablos iba a sortear semejante camino.

Mientras que todos hacían su mejor esfuerzo para identificar el sendero Inca, que se alzaba sobre un precipicio vertical que fácilmente superaba los 100m de altura, yo pude ver los rostros desencajados de Edgar y Víctor, absortos de ver tamaña pendiente, como queriendo escapar raudamente de la presencia de estos ciclo-suicidas cuyo instinto de conservación era apenas un misérrimo recuerdo en los anaqueles de sus confusas mentes. Pero no, no, no había nada más que hacer, arrepentirse ahora, a unos metros del Qhapaq Ñan, era algo que el profeta Carlos y su exegeta Gerson jamás nos lo perdonarían, así que como buenos niños retomamos la rodada a Sisicaya confiando en que todo saldría bien.

En Sisicaya iniciamos la búsqueda del acceso al Qhapaq Ñan, fuimos por el cementerio, pero el intento fue infructuoso, así que tuvimos que descender hasta un fundo llamado Santa Leocadia, donde una señora le dice a Carlos que es imposible acceder al Qhapaq Ñan, que es demasiado peligroso y que además la zona era propiedad privada, con todo este argumento tuvimos que buscar otro acceso, pero para mala suerte de todos mi llanta había pinchado así que en un gesto solidario todos se quedaron a esperarme a que yo reparara la avería. Más tarde sucedería lo mismo con Edgar, su llanta trasera quedó hecha una coladera, por lo que tuvimos que esperar aún más tiempo. Solucionado los problemas, descendimos hasta un lugar llamado Canturillas, en donde un señor casi nos ruega para que desistiéramos de nuestro intento de recorrer en bicicleta el camino Inca, alegó mil razones para desanimarnos, entre huaycos, bestias peligrosas y barrancos que te llevan a la muerte, sin embargo Carlos y Gerson lo convencieron para que nos dejara pasar diciéndole que sólo iríamos a ver y fotografiar el acceso y que pronto retornaríamos por el mismo lugar, ¡pobre señor!, aún seguirá esperándonos o tal vez se andará apretando el corazón de remordimiento por habernos concedido el permiso hacia la muerte. Tras unos minutos, luego de atravesar por unos matorrales, nos dimos con las faldas de una montaña abrumada de rocas de todo tamaño en aparente desorden natural, unos metros más arriba el Qhapaq Ñan se dejaba atisbar como un delgado hilo gris que iba tomando altura por los precipicios verticales que todos habíamos observado atónitos desde la quietud de la carretera. Entonces nuestros ánimos se enardecieron y nuestras vidas cobraron sentido, pues teníamos frente a nosotros el camino del gran señor. Ahora sólo había que franquearlo, pero la cosa no sería tan fácil ya que a menos de cien metros la huella de un huayco, con rocas de gran tamaño, intenta mermar nuestro entusiasmo, es en este punto donde Víctor y Edgar claudican y emprenden la retirada, mientras los demás, con la bicicleta al hombro, vamos sorteando una a una las rocas que se interponen a nuestro paso. Unos minutos más tarde empezamos a rodar por el Qhapaq Ñan, pero sólo por algunos tramos, pues hay varios segmentos que están interrumpidos por grandes piedras o han perecido al paso del tiempo. Sin embargo el solo hecho de recorrerlo, en cleta o a pie (cargando tu cleta), deja una tremenda satisfacción ya que se trata de un legado histórico de los antiguos habitantes del Perú.
Eran las 2pm cuando ya casi habíamos recorrido un tercio del Qhapaq Ñan, en eso una abrupta pendiente casi nos desalienta, sino fuera por Juan y Daniel que fueron a averiguar si había continuación del camino allá arriba el paseíto hubiera terminado aquí, sin embargo Daniel descendió como un ángel de aquel erecto acantilado trayendo la buena nueva para que Gerson, Carlos y yo continuáramos el ascenso, no obstante la mala suerte otra vez se cruzó por mi camino y mi llanta se desinfló, en eso el ángel Daniel se apiadó de mí y me prestó su cámara de repuesto e ipso facto me puse a cambiarla, al borde de un precipicio, a más de 100m de altura sobre la margen derecha del Río Lurín. Solucionado el impase, con mi cleta al hombro, trepé los casi 20m de aquel acantilado en cuya cima me esperaban el profeta, el exegeta, el ángel y el demonio. Una vez reunidos todos proseguimos caminando y otras veces rodando por los vericuetos desconocidos del Qhapaq Ñan, algunos tramos se presentaban majestuosos, como si el tiempo se hubiera detenido en una tarde en que los Incas llevaban a cabo tamañas proezas. Había que tener cuidado para no desbarrancarse, pues una mala pisada hubiera significado el último movimiento de nuestra insensata vida.
Cerca de dos horas nos tomó recorrer los 2.5km del Qhapaq Ñan que une Sisicaya con Nieve Nieve, es curioso pero dicho camino tiene un acceso justo hacia Nieve Nieve y se une a la carretera a escasos metros del restaurante Don César, donde almorzamos y descansamos a nuestras anchas.

Antes de las 4pm ya habíamos repuesto energías y como casi nadie tenía nada que hacer en lo que restaba del día, salvo Víctor, Edgar y Daniel que se marcharon después del almuerzo, los demás nos fuimos a hurgar los alrededores de Nieve Nieve, donde hallamos unas ruinas situadas en medio de dos elevaciones montañosas, en cuyas laderas se pueden observar unos cubículos similares a trincheras, que daban la impresión que desde allí se observaba algún espectáculo o se había librado alguna batalla. Además bajo la superficie del suelo existen galerías, muchas de las cuales están atiborradas de huesos humanos. Creo que nuestra visita por estas ruinas le dio el valor agregado a nuestro paseo por el Qhapaq Ñan, sobre todo porque vuestro amigo Juan encontró a su pareja, ya que se puso a coquetear con una calavera que le dio sajiro.

A las 5.15pm emprendimos la retirada. Adiós Nieve Nieve, adiós Chontay. A las 6.10pm ya estábamos de vuelta en el óvalo de Cieneguilla y luego de comprar algo para comer y beber nos lanzamos a escalar, a fuerza de puro pedal, el serpentín de Cieneguilla. 48 minutos nos tardó coronar la cima del serpentín, hasta llegar a la bodega Beni. Llegamos completamente a oscuras. Después de un par de galletas y una gaseosa fresca nos soltamos a rodar en “caída libre” por toda la avenida las Palmeras rumbo a nuestras casas. A las 9pm mi odómetro marcaba 125km de full aventura.

Finalmente lo anunciado por el profeta Carlos se cumplió tal cual como aparece en las sagradas escrituras de su libro Crónicas de un ciclista: "el Qhapaq Ñan de Sisicaya a Nieve nieve ¡EXISTE!", pero si aún te queda una neurona de cordura ¡NO VAYAS!, mejor dedícate al futbol y al tenis y así vivirás para siempre.
Amén.

Ver todas las fotos aquí: http://picasaweb.google.com/ciclotrebud/QhapaqNanDeSisicayaANieve201209#